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Inter. con varones violentos

Centro de Estudios de la Condición Masculina Imprimir

  • Paises donde se desarrolla:
    • España
  • Ámbitos:
    • Local
    • España
    • ONG
  • Año de inicio:1993
Promovido por:

CENTRO DE ESTUDIOS DE LA CONDICIÓN MASCULINA (CECOM)

c/ Diego de León 39; 28006 Madrid
Tel: +34 914 117 272

http://www.luisbonino.com
luisbonino@luisbonino.com

Documentación complementaria:

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Organizaciones asociadas:

Creado en 1993, el Centro de Estudios de la Condición Masculina tiene como  objetivos, por un lado, la investigación, comprensión y promoción de cambios con relación a la condición masculina, sus problemáticas y efectos sobre la salud y la vida de las personas, así como las relaciones de género. Y por otro, la asistencia, formación, investigación y prevención de las problemáticas específicamente masculinas.
 
Actividades:
  • programa psicoasistencial
  • cursos para profesionales
  • talleres de prevención y promoción del bienestar masculino
  • asesoramiento a organizaciones e instituciones
  • un cine-forum
  • colaboración con la campaña europea del lazo blanco www.eurowrc.org, y el primer programa público español para hombres (Ayuntamiento de Jerez) www.hombresigualdad.com.
 
El programa psicoasistencial (Psivar), único en Madrid especializado en la asistencia integral de los malestares masculinos, tiene como objetivo aumentar el bienestar y mejorar la calidad de vida de los varones y de las personas que les rodean, a través de orientación y asistencia psicológicas especializadas y desde una perspectiva de la justicia e igualdad de género.
 
Los problemas más frecuentes de consulta en los últimos años han sido: aislamiento emocional y social, depresiones reactivas a separaciones, desempleo o “pérdida del norte", sentimientos de fracaso u obsesiones por “no dar la talla”, crisis adolescencial, de los 40 y de los 50, dificultades sexuales, conflictos con la opción sexual, descuidos de la salud, adicciones, y dificultades o desencuentros emocionales y falta de acuerdo con las mujeres. Además de éstas, las consultas por agresividad sin control, abusos y violencia en el hogar -realizadas sobre parejas hetero o homosexuales, niñas y niños o anciano/as-,y depresiones encubiertas tras comportamientos agresivos silenciosos y temerarios, representan el 20 por ciento del total de consultas.
 
A través de Psivar se lleva a cabo con los varones que ejercen violencia, un proceso de promoción del cambio que busca en primer lugar incrementar la seguridad de las víctimas a través de lograr la toma de responsabilidad y disminución de los comportamientos violentos, y en segundo lugar el desarrollo de un modo de vida respetuoso e igualitario que elimine la violencia como instrumento de convivencia, desmontando las creencias de la educación genérica masculina que legitima y naturaliza la violencia como práctica cotidiana.
 
El desarrollo de este proceso se basa en los siguientes principios:
  • Una correcta estrategia de abordaje requiere la comprensión del fenómeno desde la perspectiva de género.
  • El 100% de la responsabilidad del ejercicio de la violencia es del hombre que la ejerce y es primer objetivo del proceso evitar su reincidencia.
  • La violencia es un delito, es intencional y funcional, es una elección “así como no ejercerla también lo es- y deben desafiarse las justificaciones masculinas para ejercerla, así como su minimización.
  • Las creencias sobre los varones como autosuficientes, con autoridad sobre las mujeres y belicosos están en la base de la violencia por las emociones y comportamientos que promueven. Derivan de la socialización masculina tradicional, y sólo pueden entenderse en un contexto que ha dado a los varones un poder desproporcionado (y que favorece además el temor a la impotencia que genera muchos comportamientos violentos).
  • El cambio requiere un proceso de revisión de estas creencias, un reaprendizaje y una formación y educación en el respeto y la reciprocidad, y no una terapia "psicopatológica". Proceso que implica no sólo trabajar sobre los comportamientos, sino especialmente sobre las creencias y emociones que los sustentan, jerarquizando que los varones las examinen y cambien, especialmente en sus expectativas de control sobre las mujeres y la creencia en su derecho a decidir cómo ellas deben comportarse. Es necesario también cuestionar el contexto, que socializa para el control y la violencia sobre las mujeres y los avala, y promover un modelo respetuoso e igualitario de relación.
Para la efectividad del trabajo es indispensable que las mujeres que han padecido la violencia, estén en proceso de recuperación en servicios especializados y se pueda contar con ellas para diagnosticar la historia de violencia experimentada y evaluar avances del maltratador, así como para informarle de si abandona el proceso:
  • Casi todos los varones pueden cambiar, siendo menores sus posibilidades a mayor antigüedad del problema. No todos pueden beneficiarse de un proceso de cambio como el que propone un programa del tipo del descrito. Tampoco el beneficio es el mismo para todos, siendo mayor para quienes deciden hacerlo por decisión propia, y nulo para algunos evaluados como irrecuperables. Esto debe ser informado a las víctimas, para no alimentar expectativas no realistas del cambio posible.
  • El cambio del uso habitual de la violencia a un comportamiento respetuoso es un largo proceso, por lo que no es posible alcanzar buenos resultados con menos de 75 horas de trabajo en no menos de 30 semanas. Trabajos de menos duración pueden generar falsos cambios, que se convierten en potencialmente peligrosos.
  • No se debe priorizar sobre la seguridad de sus víctimas la unión de la familia, las necesidades de reconciliación del hombre con su familia o de mantener limpio su historial de antecedentes penales. El trabajo con los hombres es necesario más allá de su relación actual, ya que la violencia la ejercerá también, si no cambia, con otras relaciones futuras.
  • Son desaconsejables las terapias de pareja y los procesos de mediación “aunque pueda incluirse alguna entrevista conjunta de evaluación de riesgo-, que sólo serán eventualmente considerados después de avanzado el proceso con el varón, con un considerable período sin violencia física ni amenazas y cuando la mujer se sienta libre y sin miedo por su seguridad si dice lo que piensa. Tampoco deben realizarse estrategias de mejoramiento de habilidades sociales sin antes poner en cuestión las creencias sobre la masculinidad y su relación con la violencia, ni técnicas de control de la agresividad sin ayudar a los varones a comprender por qué están enfadados.
Los varones que ejercen violencia y que llegan al programa lo hacen especialmente por dos vías: por cuenta propia, derivados por otras personas que han acudido al programa, y a través de organizaciones que trabajan con mujeres maltratadas. Se está intentando crear vías de acceso -que actualmente casi no existen en España- desde los servicios sociales, policía o sistema judicial.
 
La mayor población la constituyen varones adultos y adolescentes que ejercen violencia psicológica o están iniciando el ejercicio de la violencia física, y que no han sido aun denunciados por sus víctimas. Después de la entrevista de evaluación y en función de los grados de motivación y peligrosidad, se ofrece un trabajo individualizado -individual y grupal-, se deriva para resolver primero las problemáticas acompañantes, si las hubiera (adicciones, psicopatologías o exclusión social), o se rechaza si hay datos que suponen intratabilidad (especialmente psicopatía o nula motivación).
 
El trabajo se centra en eliminar la violencia física, disminuir la violencia psicológica, visibilizar y transformar los ejercicios cotidianos de abuso y cuestionar el naturalizado modelo masculino tradicional en el que la violencia se asienta. Para ello, dicho trabajo se basa no sólo en ayudar a los varones a que puedan responder a la pregunta de por qué ejercen violencia, sino también a la de que por qué se sienten con derecho a ejercerla contra la mujer, y a partir de ahí, crear nuevas vías de relación con las mujeres y la resolución de conflictos interpersonales. La estrategia de las sesiones es abierta, jerarquizando la reflexión sobre la impulsividad, el cuestionamiento de si a través de la palabra, el hacerse cargo de las emociones y la propia historia, incluyendo además técnicas cognitivo conductuales para desarrollar habilidades socio emocionales deficitarias.
 
También trabajan con la persona objeto de violencia, al principio para evaluar la gravedad de la violencia que ha recibido y su expectativa ante el posible cambio del hombre que la ha ejercido -esto para no alimentar o crear falsas expectativas-, y luego para que nos pueda informar sobre la evolución de la situación.
 
Además, con todos los varones que consultan al programa por otros asuntos diferentes a la violencia, se trabaja siempre en la visibilización de sus comportamientos naturalizados de violencia, abuso y desigualdad con las mujeres y varones subordinados.
El programa, en relación al trabajo con los hombres que ejercen violencia, tiene una evaluación anual. En los últimos 5 años, la media de edades de los 110 varones con los que se ha trabajado es de 30 años, la mayoría de clase media, en pareja, con estudios medios o superiores y con trabajo. El tiempo medio de trabajo ha sido -excluyendo a un 25% que ha decidido no concurrir a la segunda entrevista-, de 50 horas (mínimo 10, máximo 130), con mínimas deserciones, desapareciendo la violencia física de todos aquellos que la ejercían, y mejorando en un gran porcentaje la relación respetuosa con las mujeres con quienes se vinculan en seguimientos a dos años. Estos resultados no son de extrañar, dada la motivación de los hombres que consultan- el 35% acuden por cuenta propia- , la gravedad moderada de su ejercicio de violencia, y el modelo reflexivo profeminista, que permite el abordaje multifocal del problema.
 
Las personas que trabajan con los varones han sido formadas según el modelo diseñado por Jorge Corsi en Argentina y son supervisadas mensualmente para ayudarles a mantener el foco de trabajo evitando los "deslices de la tradición de género", desarrollar su capacidad estratégica y evaluar y corregir el impacto personal del trabajo.
 
Las personas que llevan adelante Psivar colaboran también con diversos organismos de la Administración española en las campañas de prevención contra la violencia de género, en el ámbito educativo, y especialmente en el ámbito sanitario para sensibilizar a sus profesionales en la necesidad del conocimiento del problema y de la actuación coordinada para su prevención.
 

Observatorio de la Violencia contra las Mujeres- Fundación Mujeres - Calle Ponzano, 7 -4ª planta, Tf 91 591 24 20 - 28010 Madrid - comunicacion@fundacionmujeres.es
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